Criptomonedas se alejan de la excesiva volatilidad

El año pasado las criptomonedas tuvieron un furor e incremento que muchos commodities y activos hubieran deseado.

Particularmente el Bitcoin inició el 2017 por menos de $1.000 y acabó el año cotizándose por encima de los $14.000 por unidad, después de haber pasado incluso por precios que alcanzaban los $20.000.

Otras criptomonedas aprovecharon para aparecer en escena y una veintena más, que ya existían, ganaron valor entre los seguidores de las moneda virtuales.

Quienes compraron hace exactamente un año un Bitcoin por $1.900, hoy obtienen una rentabilidad del 300%, aunque en el camino debieron soportar altas volatilidades y uno que otro susto.

Sin embargo, con la llegada del 2018 el precio comenzó a estabilizarse y registró incluso una tendencia a la baja, aunque se cree que no durará por mucho tiempo.

El valor más alto de este año se dio en enero, cuando el Bitcoin específicamente alcanzó los $17.176 por Bitcoin.

Después de esa fecha se mantuvo a la baja con ligeros picos de volatilidad, una situación similar a la del año anterior durante el mismo período.

Mientras que el Ripple mantuvo un comportamiento muy similar al Bitcoin, otras criptomonedas han mostrado mayores cambios y una tendencia alcista.

El Ethereum a partir de abril comenzó a subir de precio y el Bitcoin Dash que se mantuvo con una tendencia a la baja, comenzó a subir en las últimas semanas.

Según explicó a EF el economista y profesor de economía monetaria y financiera de la Universidad Complutense de Madrid, Pedro Durá, cuando se habla de criptomonedas es difícil decir que la situación se ha estabilizado, ya que se han visto algunas oscilaciones importantes, aunque menores a las vistas en los meses anteriores.

Los “criptoactivos”, como son conocidos, normalmente se rigen por factores ajenos al mundo financiero o de las materias primas, por lo que es difícil determinar su conducta.

Su valor se deriva de las expectativas de cómo vaya a evolucionar su demanda para realizar transacciones y del grado de aceptación entre los consumidores, mercados y empresas.

Pese a esto, después de lo ocurrido a finales del 2017, han pasado de ser un tabú de los mercados a convertirse en un vehículo de inversión, logrando además que la capitalización total del mercado se incremente gradualmente, un hecho que se espera que continúe aumentando a mediados de este año, pero sin duda con menores volatilidades.

Otras criptomonedas ganan protagonismo

Aunque el Bitcoin sigue siendo el líder y el que goza de mayor reputación, en el último año ha perdido participación en el mercado, abriéndole paso a otras monedas virtuales cuyo valor es mucho menor.

“En el 2016 el Bitcoin representaba aproximadamente el 90% del total de capitalización de las criptomonedas, es decir, el 90% del valor de mercado de las monedas emitidas. A lo largo del 2017 y lo que llevamos del 2018, la importancia del Bitcoin se ha ido reduciendo, y, actualmente, aunque sigue siendo la principal representa menos del 40% del total de la capitalización”, explicó Durá.

La capitalización de mercado es una forma de clasificar la dimensión relativa de una criptomoneda, calculando el precio por la cantidad de unidades que hay en circulación.

Para la cuarta semana de mayo, el mercado de criptomonedas cuenta con una valor total de $372.202 millones, repartidos entre todas las monedas virtuales que existen.

El Bitcoin, Ethereum, Ripple, Bitcoin cash, EOS, Litecoin, Cardano, Stellar y TRON son las que gozan de mejor capitalización, mientras que otras 1.600 criptomonedas se reparten el resto del mercado.

Transacciones más baratas

El costo de las transacciones de criptomonedas también se ha ajustado conforme el mercado financiero se adapta a vivir con ellas.

Durante diciembre pasado, por el alto volumen transacciones, el precio de las comisiones para intercambiar criptomonedas o pagar con ellas podía costar hasta $100.

Gustavo Neffa, economista y asesor de la empresa argentina Research for Traders explicó a EF que la oferta y la demanda juegan un papel importante dentro de las comisiones, por lo que actualmente se ubican entre el 1% y el 8% aproximadamente por transacción.

Lo anterior está determinado por cómo se realice la transacción: si se hace desde una cuenta validada, en un negocio de cambio de moneda normal, declarando ingresos genuinos, se cobra entre 1% y 2% dependiendo de los costos que suelen cargar las entidades financieras para una transferencia internacional.

Entre usuarios se suele cobrar entre un 3% a un 7% por la transacción o a veces más.

Continúan los riesgos

A pesar de que ahora cuentan con mayor aceptación y hay más conocimiento sobre monedas virtuales, el riesgo continúa.

Para algunos inversionistas y economistas, las criptomonedas son un experimento del que no se sabe cómo evolucionará en el futuro, por lo que siguen siendo riesgosas como una forma de inversión por su alto riesgo y volatilidad.

“Si un inversionista hubiese comprado hace un año, hubiese ganado más de 300% de beneficio, pero si hubiese comprado hace seis meses, hubiera perdido el 60% de lo invertido”, afirmó Durá, refiriéndose al riesgo que las caracteriza.

Pese a esto, es estos primeros meses del año la tecnología en las plataformas de trading y wallets ha avanzado, logrando mayor seguridad al momento de realizar transacciones.

En algunos países ya se consideran un activo de cambio y algunas tarjetas de crédito y entidades comienzan a permitir pagos y depósitos, así como realizar transferencias desde cuentas personales.

Actualmente, la mirada de los inversionistas está puesta en el largo plazo, donde esperan que los precios suban, sobre todo porque las criptomonedas tenderán eventualmente a escasear por lo que siguen una premisa que ha acompañado por siglos a los mercados: compre hoy a menor precio y venda más caro mañana.

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